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El personaje ilustre más vivo de nuestra Serranía

Trato de saber preguntando e investigando cuándo una persona se convierte en Personaje Ilustre, y hay quien dice pues… “cuando se muere y ha hecho cosas buenas”, otros dicen “cuando tiene fama”, “cuando es célebre”. Pero recurriendo al diccionario de la Real Academia y a la sabiduría y conocimientos de Vicente Téllez, consigo encontrar la esencia de esta nominación. La palabra Ilustre viene del latín Illustris,-e (que brilla). Es justo lo que necesito saber para hablar de una persona que nació, creció, se formó, tiene sus raíces en el pueblo de Benarrabá y es una persona “que brilla”.

Creo que en estos años que llevo trabajando sobre la comarca no he encontrado a nadie que haya llenado el nombre de su pueblo de más humanidad y entrega.

Esta persona se llama Bárbara Dolores Pérez Cabello, tiene en la actualidad 62 años y hoy en día vive en Colombia. El país más violento del mundo tras más de cuarenta años de guerra entre el ejercito y la guerrilla, es también el país donde mueren más misioneros cada año.

Esta mujer recibió el premio colombiano CAFAN 2002 a la Mujer Trabajadora del Chocó.

Loli es como todos los de su pueblo la conocen. Y la han conocido muy bien porque ella nació en una familia de clase media de Benarrabá, la primera de seis hermanos. Su madre por entonces era una gran intelectual y amante de la música; ella se empeñó siempre en que sus hijos salieran del pueblo para que pudiesen aprender muchas cosas, como igualmente procuró que su familia fuese una familia religiosa, pero sin despuntar más que las del resto del pueblo.

Loli fue la primera de los hermanos que salió a estudiar fuera. Se fue a Málaga al Colegio Gamarra a estudiar Magisterio. Cuando acabó la destinaron a las escuelas rurales de Salitre, luego a Cañete la Real, al Castillo de la Duquesa y a Ronda. Pero durante todo este periodo iba y venía al pueblo, porque se lo pasaba muy bien.

Era una de las chicas más modernas de Benarrabá, la que organizaba todos los guateques; le encantaba hacerse su propia ropa, aunque fuese con unas viejas cortinas, y era  muy adelantada para su época, porque ella siempre salía con chicos. Para nuestros tiempos eso no es muy anormal, pero para entonces se le veía una chica muy avanzada, alegre y activa.

Un día, con tan sólo 25 años, le planteó a su familia la intención de su vocación, que era nada más y nada menos que una vocación religiosa. Tanto en la familia como en el resto de las amistades del pueblo todo fue una sorpresa, quienes la conocían lo que menos podían pensar era que Loli fuese a ser monja, ¡con lo que le gustaban las fiestas! Su madre, en concreto, le dijo que esperara un poco para pensarlo más y ella dijo que lo tenía totalmente claro y que si no lo hacía iba a estar perdiendo el tiempo. Que quería seguir a Cristo y que eso no era motivo para no seguir pasándoselo bien.

Cuando hablamos con su hermana Magdalena para saber quiénes o qué influyó tanto en Loli para tomar esta decisión, dice que no se lo explican porque cuando ella estuvo de maestra en el Castillo de la Duquesa había entonces en lo que es la Colonia de Sabinillas una comunidad de Hermanas de San José de la Montaña con las que tenía algún contacto por el tema de la docencia. Pero no mucho más.

Así fue como Loli pasó a ser Madre Yolanda de la congregación de Hermanas de San José de la Montaña. Y si ya era excelente como persona, divertida y alegre como amiga, ahora lo era más, porque cada vez se iba exigiendo más y más y cada día se sentía más reafirmada en su vocación. Por eso pidió trabajar con los más pobres y se fue a Guatemala durante diez años seguidos. Luego pasó a lo que llaman “La Otra Colombia”, en el Chocó, donde ha estado hasta hace muy poquitos meses, porque contrajo el paludismo y estuvo muy enferma. Ahora mismo de nuevo está en  Guatemala y deseando volver al Chocó.

Todos los hermanos, cuñados, sobrinos…de Madre Yolanda (Loli para ellos), cuando piensan en ella, sienten la mayor satisfacción y a la vez un fuerte dolor. Porque  aquí, en España, podría vivir muy tranquila hoy en día ya casi jubilada, en cambio su vida, su elección, ha sido muy dura, pero para ella dice que su vida es una vida muy plena porque aunque nacida en Benarrabá, se siente madre de todos los niños y ancianos desamparados del mundo.

Para comenzar su trabajo en Latinoamérica, Madre Yolanda, tuvo que hacer algunos cursillos sanitarios, algo muy elemental, porque lo necesario de verdad ya lo tenía y era su opción por los más empobrecidos de la Tierra.

Y tenía tan claro y tiene tan claro que quiere y tiene que luchar porque este mundo cambie, que ya lleva veinte años, y sólo se ha permitido unos meses para recuperarse. De nuevo quiere estar allí, quiere estar en el Chocó, porque dice que mientras haya pobreza y necesidad tiene que estar para ayudar a transformar esa realidad, para trabajar, para quitar hambre, curar heridas, enseñar a leer y enseñar los derechos a cada ser humano.

Cuando ella llegó al Chocó, se moría en la selva colombiana un niño cada día. Aunque hoy, al menos las Hermanas de San José de la Montaña, no se conformen con ello, han conseguido que no muera más de un niño al mes. Y conseguirán que por desnutrición no muera ninguno, porque su trabajo es de hormiguitas continuamente  laboriosas, pero también como el de las chicharras, alegres, amorosas,…pacientes.

Tuvo Madre Yolanda en una ocasión la visita de su hermana (de sangre), Charo, junto con un grupo de amigos. Viajaron hasta la selva por un poco de aventura, pero cuando volvieron, estas personas eran otras. La realidad sobrepasó todo lo que tenían previsto.

Volvieron para empezar ellos a trabajar desde aquí. Así fue como surgió la Asociación Andagoya, una ONG que colabora directamente
con la región del Chocó. Para saber más sobre ellos se puede llamar a los teléfonos: 619021784 ó 952891170 y visitar su web: www.terra.es/personal2/andagoya. Y se pueden conocer todas las actividades que han llevado a cabo desde el año 1997, las distintas campañas y el trabajo localizado que están realizando.

Pero, aunque hoy en día en su pueblo no entiendan muy bien todo el trabajo que ha hecho, aunque en la comarca no se le conozca ni a ella ni a su mensaje de entrega, y aunque actualmente toda la labor de la Iglesia se ponga en entredicho, la verdad es que
Madre Yolanda ha hecho muchas cosas más y lleva más tiempo desempeñando la misma labor que cualquier político. También lleva sufrido más y ganado menos dinero que cualquiera de nosotros.

Porque ha visto cómo poco a poco han llenado los narcotraficantes la selva de plantaciones de droga, cómo el ejército y la guerrilla hace pagar con sus vidas a quienes no tienen nada que ver. Ha experimentado cómo los mayores en la selva se iban a morir a la montaña cuando ya no eran productivos, hasta que su misión fundó un ancianato, ha presenciado cómo además de todos los niños que se iban muriendo de hambre, había a quienes se los comían las ratas, los bebés enfermaban de pasarse semanas mamando en el cadáver de su madre… ¿A quién le preocupa en exceso esta realidad como para trabajar toda una vida para cambiarla? ¿A algún miembro de partidos políticos? ¿A algún partido político?

¡Cómo negarse a estar al lado de los pobres! Es lo que Madre Yolanda ha dicho continuamente cuando ha estado tan enferma con el paludismo y ha querido volver.

Su ejemplo no es un ejemplo a groso modo, el ejemplo institucional sólo, sino el ejemplo de una persona que toma una decisión, asume unos riesgos (Colombia es el país donde más misioneros mueren cada año), pero no sólo en su profesión, sino en su trabajo personal; es una persona que no tiene nada, nada más que lo que ofrece a los demás. Sus hermanos se enfadan un poco, pero entienden que toda ella es entrega, que unos zapatos o una chaqueta que le puedan regalar, al instante se lo ha hecho llegar ella misma a otra persona, porque siempre encuentra alguien que lo necesita.

Aún seguro hay personas que piensan que el creyente no tiene nada que ver con la vida social y política. Y el creyente tiene el mismo derecho que el no creyente, lo que ocurre es que la fe lo tiñe todo de un tono distinto, porque lo dignifica.

Pero la verdad es que si hoy en día toda la implicación social de los creyentes, todo el trabajo de los religiosos y las religiosas se dejase de hacer, el mundo, y en concreto nuestro país, seguro entraría en un caos, porque no ha nacido institución que se haya implicado más en la dignificación del humano. Todavía no ha existido institución que haya permanecido por encima de distintos gobiernos más de 2000 años, ni ha existido institución que haya trabajado en tantas y distintas labores sociales tanto en países desarrollados como no, y eso sin quitar que de vez en cuando hay que asumir que la Iglesia también se equivoca.

Yo, aunque haya quien me lo critique, pienso que Madre Yolanda es el personaje más ilustre y más vivo de nuestra comarca, porque su trabajo, su sacrificio, es un sacrificio directo al humano, es un trabajo con un mensaje vivo, es un ejemplo de lo que puede llegar a hacer una persona con inquietudes y tener muy claro que, aunque nazcamos en el lugar más aislado del mundo, eso no nos merma el deseo de justicia social y la voluntad de llevarla a la práctica.

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Artículo de Isabel María Sánchez Heras publicado en el número 30 de la revista La Serranía en primavera de 2005.

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